viernes, 14 de mayo de 2010
Yo no sé ustedes
Yo no sé ustedes, pero yo nací muerto. Nací acariciando un gato que lamía y relamía una capa de hierro solido que me cubría el rostro. Luego vino la vida, es cierto. Sin embargo, recuerdo más esta muerte de nacimiento que este nacimiento después de la vida. Aun a los seis años yo no podía ver a mi madre ni a mi padre… en lo que respecta a mi padre había abandonado a mi madre aun antes de que yo muriera porque o si no quién sabe. Escuchaba los arrullos de mi madre que eran musicalizados así más o menos: «muérete niño, muérete ya o viene tu padre y nos abandonara». Cuando alcance la mayoría de edad abrí los ojos y entonces comprendí que ya no podía escuchar. Mi madre me llamaba desde un rincón de la cocina y yo no le escuchaba hasta que llegaba donde yo estaba y me ponía los ojos frente a los míos, que siempre fueron rugosos en los parpados y luego, me agarraba de la cabeza con sus dos pies y me sacudía fuertemente como queriendo sacar algo que se metió por accidente allí, donde antaño lamía y relamía el gato. Ella calentaba la comida con su estomago y me dormía en su pelo. Digo que era frondoso, mejor que la cama, pues no me gustaba que tuviera tres patas y que a causa de este declive estuviera algunas veces a punto de resbalar por el abismo que quedaba junto a la cama. Un día mi padre volvió a casa, pero como era obvio no pude escuchar cuando entraba. Sin embargo, en esa ocasión soñé que me chirriaban los parpados, es decir, soñé el sonido de un chirriar de parpados. Cuando despertaba veía entrar a mi padre por el abismo y veía que me decía algo. Pero en el preciso instante que quería correr a decirle que no le escuchaba nada, él sonreía y me ponía a su vez un dedo suyo en los labios que equivalía como a tres manos indicando que hiciera silencio. Por último, yo no sé ustedes, soñaba que estaba dormido, y que vivía dentro de mi madre. Soñaba que vivía dentro de mi madre y que aquello que yo llamaba abismo eran las fauces de un gato donde cada diente filoso era mi padre multiplicado. Yo no sé ustedes, les digo, ¿pero yo nací?
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