jueves, 13 de mayo de 2010
El Inconveniente
Como no me voy a convertir en corrector de estilo. Tanto tiempo escribiendo para otros. Como no voy a corregir por otros lo que ni ellos mismos pueden llegar a decirse bien. ¿Ordenar ideas, pensamientos? No, solamente pulverizarlos, volverlos otra idea, otro pensamiento. Pero sin que los que me otorgan el trabajo por unos pesos a la semana se den cuenta. Y aun así valdría más todo. Pero no puedo decirles que les voy a hacer un trabajo mejor convirtiéndome en una Penélope de los textos, destejiendo y tejiendo de nuevo lo descocido. Esto del tejido textual es de algún crítico que leí en mis años mozos. No obstante, para que eso de andar recordando a quien no me recuerda ¿eh? Yo ya viví muchos años citando a otros, pero no de la manera en que lo plantea Macedonio Fernández: citándome a mismo. Y con esto he recaído en el vicio de expresarme a través de los otros. Pero todo todo, y menos, a través de mismo. Qué farsa soy. Un simulacro. Un país de palabras, como un libro de notas o un libro importante de notas. Pero donde está su autor. ¡Aquí! ¡Donde! ¡Aquí! Yo mismo he hecho que mi vida ya no me pertenezca. Y ahora todos permanecen en mí sin que yo me permanezca. 8 de mayo de 2010.
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