martes, 25 de mayo de 2010

YA QUISIERAS

(Obra de miniteatro en un solo acto)

En un sofá cada uno, un hombre y una mujer adultos, pero jóvenes. Un sofá es verde y el otro rojo. El hombre está sentado en el verde y la mujer en el rojo. Él lee. Ella habla siempre como mirando más allá de sus ojos. El piso esta entablado con listones de madera. Hay una ventana en medio de los dos sofás y un día soleado en la ventana. Trinan los pájaros de vez en vez. Ella solo habla. Las paredes son de color marrón y ocre. Es un ambiente que a simple vista resulta cargado.

Ella: ¿Te parece si un día de estos compramos un curso de origami? Y aprendemos a hacer grullas, terodactilos y bisontes. ¡Sería algo tan didáctico! (con aire ensoñado)

Él: (Retira la mirada del libro y la mira serio) Sí, me parece bien. (Y vuelve al libro que sostiene en una mano)

Ella: Deberíamos cambiar los colores de la casa. ¿Piensas que un color pastel estaría bien? Un lila, un curaba, un palo de rosa.

Él: Palo de rosa está bien (vuelve a la lectura).

Ella: Quiero adoptar un gato. El más pequeño que haya. O prefieres que ya este grandecito como para portarse bien (ríe un poco)

Él: Creo que no (se acomoda mejor en el sofá y pone el libro más cerca del rostro)

Ella: Hace mucho tiempo que no voy a la rueda de chicago. Y quiero ver la ciudad desde arriba. ¿Tú no quieres?

Él: Quizá (sin quitar la vista del libro)

Ella: Quisiera que cocináramos juntos. Que hiciéramos chocolate humeante, como las chimeneas de las fábricas a la madrugada cuando despiden la noche fría encendiendo sus calderas. ¡Fondiu! Sí, Fondiu, Vi cómo se hace el otro día por la televisión (rostro de satisfacción) ¡Que rico! Chocolate derretido. Cuando vamos, digo, cuando traemos los ingredientes y lo preparamos.

Él: Cuando tú quieras… mi vida (Forzando un poco la voz)

Él: Mi madre viene el sábado. Deberíamos recibirla con todos los honores. Al fin y al cabo ella fue la que me dio la vida. Y hace mucho no viene. Ese día podríamos cocinar juntos y decirle que lo hicimos los dos con mucho cariño (alzando las cejas y colocando gesto de orgullo)

Él: Si así lo quieres (frotándose la frente con la mano)

Ella: ¡Viajemos! Luego de que mi madre venga, vámonos para donde la tuya. Conozcamos la estancia de tu familia. Quién sabe, de pronto sepa con propiedad de que se trata eso de la vida en el campo y hasta intente ordeñar un marrano (Ríe con fuerza. Consciente de que fue a propósito todo lo que dijo. Al final tose y se repone frotándose el pecho)

Él: Podría ser (mirándola fijamente. Luego retorna al libro con parsimonia en sus movimientos)

Ella: Cuando estemos allá (recogiéndose los pies y apoyándose en las piernas se acomoda en el sofá), podríamos contarle acerca de nuestra firme intención en darle un nieto. Podríamos cambiar de casa. Sí, para qué pintar esta si podríamos irnos a un lugar donde este todo ya pintado. Y podríamos tener más de un gato. Uno peque y otro más grande. Y llevarnos a vivir a nuestras madres con nosotros, por supuesto. Quién dice que no se vuelven amigas en tan poco tiempo si nosotros nos aferramos el uno al otro en lo que yo tardo chasqueando los dedos (chasquea los dedos) pero puedes decirme algo, anda, soy toda oídos…Pero pues no parece, a veces (riendo sutilmente y arreglándose el pelo con una bandita elástica)

Él: ¿Puedo decirte una cosa?

Ella: ¡Claro, ni más faltaba! (inhalando fuerte)

Él: Antes de todo eso, quisieras, porfa, ¿dejarme terminar el libro?

Atardece en la ventana.



Martes 25 de mayo de 2010. En casa de P.

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